Hamnet me encantó porque construyó un mundo en mi interior. La diferencia entre un libro que te engancha y uno que no, es esa: un libro que te engancha consigue desde las primeras páginas construir un mundo en tu interior, un universo propio. Los personajes están suficientemente caracterizados y los lugares están suficientemente descritos como para hacerte una idea mental de ellos. Ya pululan por tu cabeza como un universo aparte: el enganche es querer volver a ese universo para ver cómo van en sus vidas. Eso es lo que consiguen los libros de Maggie O'Farrell y este, Hamnet, no es una excepción. Luego está la maestría de O'Farrell para que esa caracterización de los personajes y para que esa descripción de los lugares alcance los niveles justos y necesarios sin cargar de densidad a los párrafos.
La alternancia de capítulos del pasado con otros del futuro de ese pasado se ensarta en el libro de la manera que sólo las grandes consiguen hacer sin que el lector se despiste en ningún momento. El personaje de Agnes, el centro de energía femenino alrededor del cual sucede la obra, consigue igualmente mostrar su lado más juvenil y su faceta ya madura a capítulos alternos sin perder su esencia y eso ya en sí exige de un virtuosismo que O'Farrell exhibe consiguiendo que en tu mundo paralelo imaginado ahora protagonice la joven, ahora protagonice la mujer de mediana edad, sin que quepa duda alguna de que ambas son la misma.

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